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martes, 2 de septiembre de 2014

Jill Price, la mujer que no puede olvidar


Jill Price, la mujer que no puede olvidar



Jill Price, una mujer de Los Angeles nacida en 1965, sorprendió a científicos y a público en general en 2006 cuando se dio a conocer su caso en la revista Neuroscience. Jill poseía una memoria autobiográfica extraordinaria que le permitía recordar cada uno de los días de su vida desde que tenía 14 años de edad. Aparentemente, el cerebro de Jill funcionaba de una manera totalmente diferente a lo conocido.


Jill Price en su casa. Foto original Wired

Todo comenzó un día de junio del 2000, cuando Jill estaba buscando en internet información sobre otras personas que les sucediera lo mismo que a ella y fue a parar a la página web de James McGaugh, un experto en neurociencia, especializado en aprendizaje y memoria. Jill decidió enviarle un email explicándole su caso y, sorprendentemente, en sólo 90 minutos McGaugh le había respondido diciéndole que estaba interesado en conocerla en persona y saber más de su caso.

Aunque era bastante escéptico en un principio, McGaugh no tardó en convencerse que la habilidad de Jill no era normal y era auténtica. En febrero de 2006, después de cinco años entrevistándose con Jill, McGaugh y su equipo publicaron el artículo en la revista especializada Neurocase sobre el caso, la identidad de Jill se escondía tras las iniciales “AJ”. Los investigadores se referían a su síndrome como “hipertimesia”, del griego “hyper”, “superior a lo normal”, y “thymesia”, “memoria”.

A los pocos días, la historia saltó a los periódicos nacionales y de allí a la televisión. Jill fue entrevistada en la cadena NPR y, más tarde, un editor logró averiguar su nombre y localizarla para cerrar un acuerdo para publicar un libro en el que Jill contaría su propia historia, con su verdadero nombre. A partir de ahí, Jill se convirtió en un fenómeno mediático, apareciendo en los programas más importantes de la televisión norteamericana.

En sus conversaciones con McGaugh, Jill afirmó que el recuerdo más temprano que conserva es de ella misma estando en la cuna, con una edad de entre 18 y 24 meses, despertándose asustada por los ladridos del perro de su tío. Jill era capaz, también, de recordar el nacimiento de su hermano, cuando ella tenía 3 años y 9 meses de edad.


Un día en el diario de Jill. Foto original Wired

Sin embargo, su memoria con esa edad parece ser que era normal. Fue a la edad de 8 años, con la mudanza de su familia a Los Angeles, cuando comenzó a notar cambios. La propia Jill reconoce que esta mudanza le supuso un trauma y sin quererlo comenzó a obsesionarse por la vida que dejaba atrás. Comenzó a hacer listas de amigos y a pasar mucho tiempo mirando fotos de su antigua casa, pensando en el pasado. Los expertos creen posible que un trauma así pudiera haber provocado cambios permanentes en el cerebro de una niña, como el de Jill.

Jill sostiene que es a partir de la mudanza cuando sus recuerdos comienzan a ser más claros. Jill recuerda que un día con 12 años, mientras estudiaba con su madre, se dio cuenta que podía recordar muy vivamente los detalles del curso anterior y algunas fechas exactas. Aunque es cierto que Jill puede recordar muchos días del período de su vida que va desde entre los 8 a los 13 años de edad, no puede recordar cada uno de ellos, y además tiene que hacer un esfuerzo para que estos recuerdos surjan. Es a partir del 1980, a partir de los 14 años de edad, que sus recuerdos comienzan a ser “automáticos”.

La memoria de Jill comienza a ser extraordinaria y capaz de recordar con gran precisión su propia vida, aunque se comporta como la media con el resto de asuntos. Así por ejemplo, en la escuela no destacóespecialmente y tenía las mismas dificultades que los demás a la hora de memorizar fechas en historia, aprender aritmética o recordar palabras nuevas en un idioma extranjero. Sin embargo, todavía hoy en día es capaz de recordar cada uno de sus profesores desde la guardería.

A los 10 años, Jill comenzó a escribir un diario. Según los expertos, este es un buen método para recordar más de cada día, no sólo porque crea un registro tangible sino porque obliga a reflexionar. Sin embargo, en el caso de Jill, el diario se convirtió en una obsesión por “anotar las cosas” porque si no se mantendrían en su cabeza. Jill mantendría el hábito hasta cumplir los 34 (50.000 páginas en total) aunque rara vez revisaba lo que había escrito.

Jill describe sus propios recuerdos como escenas de películas familiares de cada uno de los días de su vida, viéndose constantemente en su cabeza. Puede estar hablando con alguien y al mismo tiempo estar viendo cualquier escena de su pasado. Sería como mirar una televisión con la pantalla partida en la que se pueden ver dos canales diferentes a la vez. En uno de los lados, el presente; en el otro, su pasado, su memoria saltando de un momento a otro, hacia atrás y hacia delante, de manera incontrolada.


Una de las colecciones de Jill. Foto original de Jill Price

Jill dice no poder detener su propia memoria, sino que esta funciona de manera descontrolada y automática. Tampoco sabe qué será lo próximo que recordará. Los recuerdos simplemente aparecen en su cabeza, algunas veces cuando alguien menciona una fecha o un nombre, o simplemente al oír una canción en la radio. No importa si Jill quiere recordar ese día o no, su mente revive ese instante viéndolo “tal como lo veía ese día”, y rápidamente salta a otro y de ahí al siguiente.

Sin embargo, no siempre es así, otras veces es Jill la que provoca todo este proceso ya que también puede recordar a voluntad, de hecho, reconoce que solía pasar mucho tiempo pensando en fechas, “viendo” los días.

A priori, puede parecer que poseer una memoria como la de Jill es un regalo. De hecho, la propia Jill reconoce que muchos de sus recuerdos le proporcionan ánimos y seguridad, pero en otros casos sucede todo lo contrario. Jill recuerda todos los errores, todas las decisiones equivocadas y todas y cada una de las situaciones embarazosas y desagradables de su vida. Es por esto, que lejos de considerar su habilidad una bendición, Jill la considera una maldición a la que de muchos años de depresión por sus recuerdos.

Jill recuerda como su situación personal se veía agravada por la incomprensión de los demás, a los que le resultaba imposible hacer entender lo que sucedía en su cabeza. Cuando Jill explicaba a sus padres como los recuerdos la “asaltaban”, no le entendían. Su madre se limitaba a decirle que no le diera tantas vueltas a las cosas. Aunque no es de extrañar, ya que ni ella misma entendía del todo lo que le pasaba y ante la imposibilidad de hacerlo entender a los demás comenzó guardárselo para sí misma.

Aunque todo cambió a raíz de dar con McGaugh. Este investigador y su equipo la ayudaron a ver su propia vida de otra manera y entender el papel tan poderoso que juega la memoria en la vida de las personas y en construir la propia percepción que tenemos de nosotros mismos. La gente “normal” construye su propia biografía mediante una selección de recuerdos, pero, también, de olvidos. Un proceso que continuamente va evolucionando como lo hace la imagen que tenemos de nosotros mismos. Jill, sin embargo, no puede hacer lo mismo, dentro de ella están todos los “yos” de cada uno de sus días, como si fuera una muñeca rusa.


Brad Williams, recuerda cada uno de los detalles de estas vacaciones familiares de 1964, tenía 7 años. Foto original CNN

Han pasado los años, pero los científicos todavía no han encontrado una explicación definitiva para la sorprendente memoria de Jill. Los escáneres cerebrales parecen indicar que algunas partes de su cerebro son de tres veces más grandes de lo habitual. Estas áreas son el núcleo caudato y una parte del lóbulo temporal encargada del almacenamiento de hechos, fechas y eventos. Según los investigadores, estas dos áreas podrían estar trabajando juntas, en el cerebro de Jill, de una manera desconocida hasta la fecha, habiendo convertido en automático hacer de cada detalle del día un recuerdo.

Estas dos áreas, además, están relacionadas con los trastornos obsesivo-compulsivos. De hecho, su cerebro tiene un cierto parecido con el de las personas que sufren este trastorno. Según McGaugh, coleccionar y acumular cosas son dos de los síntomas más claros de este tipo de trastorno y no cree que sea una mera coincidencia la afición por el coleccionismo de cosas y el de recuerdos que presenta Jill.

Sin embargo, no se han encontrado diferencias en otra área del cerebro esencial para el aprendizaje y lamemoria autobiográfica: el hipocampo. Sin el hipocampo no se podría hacer pasar los recuerdos de la memoria a corto plazo a la de largo. Una de las funciones del sueño, durante el cual el hipocampo vuelve a revivir la actividad diaria, es precisamente mejorar esta consolidación de información.

Otra de las teorías que han intentado explicar la extraordinaria memoria autobiográfica de Jill sostiene que Jill podría ser mucho mejor que la media manteniendo recuerdos, pero que también sería mucho peor que los demás bloqueando su recuperación.

“Nos hemos obsesionado tanto con la memoria que hemos demonizado el olvido” , afirma Gayatri Devi, un psiquiatra de Nueva York experto en memoria. “Pero si no olvidáramos, recordaríamos todo tipo de información de nuestra vida y nos ahogaríamos en un mar de ineficiencia”.

Los recuerdos de un acontecimiento singular son, en general, fáciles de recordar, al ser guardados en la memoria de larga duración con conexiones a muchos otros. Sin embargo, ¿Qué pasó durante ese número incontable de días, noches, reuniones, trabajo, viajes en autobús y muchos otros ratos perdidos?Simplemente que no crearon en nosotros una impresión lo suficientemente duradera o simplemente fueron sobrescritos en nuestro cerebro por otras experiencias similares de manera que es difícil recuperarlos.

https://www.youtube.com/watch?feature=player_embedded&v=SoxsMMV538U

Entrevista con Jill Price en la abc en youtube.com

En cierta manera, los recuerdos de cosas mundanas o eventos recurrentes compiten entre sí por ser recordados, según los científicos el cerebro parece estar programado para olvidar todo aquello que no parece importante. Los recuerdos tienden a superponerse, combinarse y desaparecer, por razones que aún se desconocen. Sin contar con que la memoria humana no es perfecta y está sujeta a la contaminación y la distorsión.

La aparición del caso de Jill en la publicación científica Neurocase propició que surgieran más personas que supuestamente poseían la misma habilidad. Aunque la hipertimesia sigue siendo un síndrome extremadamente poco común. Hasta la fecha, sólo se han podido confirmar científicamente otros tres casos. Aparte del de Jill, todos ellos en Estados Unidos: Brad Williams, de Wisconsin y al que algunos han llamado el Google humano; Rick Baron, de Cleveland y un tercer caso, todavía anónimo en el sur de California.

Al contrario que Jill, estos tres hombres son zurdos y su memoria no les supone ningún tipo de tormento. Aunque, igual que ella, sí que presentan la misma tendencia compulsiva a coleccionar cosas, tales como guías de televisión, películas viejas o similares.

Enlace permanente a Jill Price, la mujer que no puede olvidar

PS: Gracias a mi amiga Arbocenk por recordar este tema y sugerírmelo.
PS(ii): Coincidiendo con la preparación del post, la semana pasada, a través de fogonazos, me enteré de otro cerebro sorprendente, el de Henry Molaison, una persona cuyos recuerdos sólo duraban 20 segundos.

domingo, 19 de mayo de 2013

Xevi VILARÓ i Planas artista catalán (La Cellera de Ter, 1975)

Xevi VILARÓ (La Cellera de Ter, 1975)



Ha tomado parte en varios concursos de pintura, y ha obtenido el primer premio del concurso internacional de pintura joven de a Galería Artitude de París (2000) y el primer premio en el concurso de la Galería Siglo XXI de Camprodon (2002). También recibió el primer premio en el Saló de Sant Joan y el segundo premio de pintura del Cercle de Belles Arts de Lleida (2002). Además, ha sido seleccionado en la edición de 2001 del XLIII Premio Fundación Banc de Sabadell %u2013 Premio de Pintura Joven de la Sala Parés (2002). Fue seleccionada en el 11º premio de pintura López Villaseñor (2002) y también por el premio Ricard Camí %u2013 Caixa de Terrassa (en las ediciones de 2003 y de 2005). En el año 2003 recibió el primer premio de la votación popular en el concurso de pintura de la Fundación Vila Casas. En el 2004 fue seleccionado para el XLVI Concurso de Pintura Joven Sala Parés. Al año siguiente fue seleccionado para el Premio de Pintura de la Fundación Vila Casas.




En los inicios de su carrera, colaboró en varias colectivas en la provincia de Girona (1993-1996). Desde 1997 ha continuado realizando numerosas exposiciones en Girona, como la colectiva de arte joven la Selva (1998), la muestra en la Galería Botó de Roda de Torroella de Montgrí (2001) o en la Galería Giart de Girona (2003). También formó parte en la exposición colectiva Transart 3 (2001) en Girona y en Lleida.


                           

Durante el año 1999 realizó una exposición itinerante por el centro de Francia (Saint Amant Montreal, Saint Aignant sur Cher y Ruere a Allichamps) y participó en varios salones franceses, como el de Buixères y el de Val d%u2019Or, así como el Salón Internacional de Lousa (Portugal, 2001). En los últimos años, ha estado presente en ferias y galerías de todo el mundo, como en Beirut en colaboración con la Sala Parés (2003), en la galería Vieleers y en la Feria de Arte Internacional de Pintura Hiperrealista de Ámsterdam o en la Feria de Arte de París (2006).




Destaca también su participación en Arte Madrid (2006), en la Feria Inart de Girona (2005) o en la Feria Internacional Interart de Valencia (1999).

En el año 2000 participó en exposiciones colectivas en la Galería Esart de Barcelona y en el Castillo de Teruel. En el año 2003 participa en el Salón Artexpo de Barcelona con la Galería Giart.

También presenta su obra en la Galería 18 (Sala Parés) de Barcelona. En el año 2004 presentó su obra en la Galería Ana Vilaseco de Galicia, donde volverá en diciembre de 2006 con una exposición individual.
Su obra está expuesta de manera permanente en la Fundación Vila Casas de Torroella de Montgrí y en Can Mario de Palafrugell. En el año 2005 la Fundación Vila Casas de Torroella de Montgrí le dedicó una exposición monográfica.
La obra de Xevi Vilaró se enmarca a menudo dentro del nuevo panorama realista, lo que, en mi opinión, si bien hace justicia a su técnica, a la precisión del dibujo y al dominio de la luz, no explica aquello que realmente acaba caracterizando sus pinturas: la representación de una realidad propia que hace de su obra una propuesta singular. Y es que Xevi no se limita a encuadrar paisajes urbanos o escenas humanas, sino que transforma nuestra cotidianeidad de una manera sutil y, sobre todo, muy personal. Es aquí donde radica buena parte del atractivo de su trabajo: gracias a un mundo imaginario perfectamente controlado, que nunca se desborda ni cae en la exageración, sus cuadros generan más interrogantes que respuestas y, por tanto, buscan la complicidad de quien los observa. En este sentido, el procedimiento realista se convierte en el mejor aliado del artista a la hora de establecer un juego directo con el espectador. A partir de unos planteamientos aparentemente sencillos pero, al mismo tiempo, dotados de una gran capacidad de sugestión, Vilaró nos adentra en un mundo en el que la figura se erige en la auténtica protagonista, y cuestiona temas tan comunes como la identidad y la soledad humana. En sus trabajos más recientes, por ejemplo, representa a una sociedad de personas inacabadas que simplemente actúan con normalidad o que caminan al azar, confundiéndose con el vacío estático del paisaje. Sus personajes, carentes de rostro y, en consecuencia, incapaces de expresarse, se ven privados no sólo de una identidad, sino también de sentimientos, hecho que, paradójicamente, no resta emotividad a los cuadros sino que, por el contrario, los sumerge en una atmósfera inquietante. Esta exposición retrospectiva pone de manifiesto que Xevi Vilaró es un pintor que investiga, que no se conforma con la simple repetición de un tema o con el uso de una sola vía para comunicarse. Desde sus anteriores cuadros, que hablaban de la interacción entre personas jugando con las desproporciones, hasta la serie de las autopsias, en que la materia muerta se convierte en la principal herramienta de expresión, se produce un importante cambio de registro. Este es uno de los principales alicientes de su trayectoria y también una de las razones por las que Vilaró se hace seguir. Un reto nada fácil pero que, de momento, está superando.


Fuente ELOI PUIG y la página Web del artista: http://www.xevivilaro.com/esp/

jueves, 16 de mayo de 2013

Walter Hunt, el inventor del imperdible


Walter Hunt, el inventor del imperdible


Patente del imperdible
Patente del imperdible
Walter Hunt fue un gran inventor, pero no tuvo mucha vista para los negocios, para rentabilizar económicamente sus ideas, como veremos. Este hombre, no muy conocido, fue el creador de la primera máquina de coser en Estados Unidos, todo un avance para el año 1834, cuando salió de su cabeza.

El problema que tuvo que enfrentar Hunt fue la situación económica del momento en su país, que no era demasiado boyante. Así, nadie mostró demasiado interés por un invento que provocaría que algunos cuantos hombres perdieran su trabajo. La desilusión por el recibimiento que a su invento le brindó la industria llevó a nuestro hombre a dejar de lado su idea y ni siquiera preocuparse por patentarla.

Poco después, otro inventor, llamado Elias Howe, diseñó una máquina similar y él sí la patentó, generándole finalmente una cantidad de dinero que lo hizo un hombre multimillonario. Pero Hunt había aprendido una lección. Así, en 1849, casi jugando con un trozo de alambre acabó por crear el imperdible. Otro gran invento que sigue vigente en nuestros días. Decía que aprendió la lección ya que en este caso sí que patentó la idea, una idea que valía millones. Aún así, no ganó mucho con ella.

Debía Hunt una pequeña cantidad de dinero, apenas unos dólares, y agobiado por tal deuda vendió la patente del imperdible a una empresa por unos cientos. Un valor mucho menor del que más tarde se mostró que tenía aquel invento basado en un pequeño trozo de alambre.

Como vemos, una gran cabeza para idear dispositivos muy útiles, pero no tan buena para detectar las oportunidades financieras asociadas a sus inventos. 

Fuente: The greatest stories never told, de Rich Beye, Curistoria

martes, 14 de mayo de 2013

Franco Clun dibujos fotorrealistas a lápiz



Franco Clun es un artista italiano autodidacta que tiene un talento innato para el dibujo a lápiz. 
Disfrute de estos impresionantes dibujos fotorrealistas!


























viernes, 10 de mayo de 2013

Ernest Shackleton y el viaje del James Caird, una expedición épica.

Ernest Shackleton y el viaje del James Caird







Una representación del arribo del James Caird a isla Georgia del Sur al final de su viaje el 10 de mayo de 1916.
El Viaje del James Caird fue una travesía en un bote abierto por elAtlántico sur realizada en 1916 por Ernest Shackleton y algunos compañeros, tras haber tenido que suspender la Expedición Imperial Trans-Antártica por la pérdida de su barco, el Endurance, en octubre de 1915. El buque había sido aplastado por los témpanos en el mar de Weddell, quedando tirados Shackleton y la tripulación sobre los poco fiables témpanos flotantes. Durante los meses siguientes, la deriva del hielo les fue llevando hacia el norte hasta abril de 1916, cuando la banquisa sobre la que estaban acampados se rompió. Posteriormente, con los botes rescatados del Endurance, iniciaron el viaje hacia la lejana e inaccesible Isla Elefante, en las Islas Shetland del Sur. Una vez llegados a la Isla Elefante, Shackleton comprendió que el medio más eficaz para salvar a su maltrecha tripulación sería el de navegar, en uno de los botes salvavidas, hasta las islas Georgias del Sur, a una distancia de unos 1.500 km y regresar con un barco de rescate.

De los tres botes salvavidas sacados del Endurance, el James Caird fue considerado el más resistente y con más probabilidades de superar al viaje. Había sido bautizado por Shackleton con ese nombre porque Sir James Key Caird, un filántropo y fabricante de productos elaborados con yute de Dundee, había ayudado a financiar la expedición. Antes de iniciar la travesía, el carpintero del barco,Harry McNish, reforzó el bote para resistir los embates de los tormentosos mares australes. La tripulación del bote la formaban seis personas encabezadas por Shackleton, entre ellas iba el capitán del Endurance, Frank Worsley encargado de la navegación. Shackleton le describió más tarde como "uno de los mejores luchando contra los elementos". Los historiadores califican la travesía del James Caird como "uno de los más grandes viajes en barco jamás realizados"

Gracias a la precisión de Frank Worsley en la navegación, a la determinación de la tripulación de seis hombres, y en última instancia a la fiabilidad y resistencia del bote, el grupo pudo sobrevivir a muchos momentos en que estuvieron a pique de zozobrar y a otros peligros, consiguiendo alcanzar la isla Georgia del Sur después de una travesía que duró 16 días. La tripulación superó un peligro final, el desembarco en una costa expuesta a la furia del océano. Shackleton fue capaz de organizar el rescate de los tripulantes que habían quedado en la Isla Elefante, consiguiendo que todos sus hombres volviesen sanos y salvos a casa sin haber perdido ni uno solo. Tras el final de la Primera Guerra Mundial, el James Caird fue llevado a Inglaterra desde Georgia del Sur, y ahora está expuesto permanentemente en el antiguo colegio de Shackleton, el Dulwich College.



  

El Endurance a toda vela.                Mapa de los movimientos durante la Expedición Imperial Transantártic

Antecedentes

El 5 de diciembre de 1914, el barco de la expedición de Shackleton, el Endurance, abandonó Georgia del Sur para dirigirse al mar de Weddell en la primera etapa de la Expedición Imperial Trans-Antártica. Su destino era la Bahía de Vahsel, el punto más al sur explorado hasta ese momento en el mar de Weddell, a 77°49'S, donde un grupo debía desembarcar y prepararse para realizar un viaje que cruzaría la Antártida.Antes de llegar a ese lugar, el barco quedó atrapado por el hielo el 14 de febrero de 1915, no pudiendo ser liberado a pesar de los repetidos intentos que hicieron los expedicionarios. Durante los siguientes ocho meses, el barco estuvo yendo a la deriva en dirección norte hasta que el 27 de octubre terminó de ser aplastado por la presión de las placas de hielo, yéndose a pique el 21 de noviembre. Shackleton se vio obligado a abandonar sus planes de realizar una travesía trans-continental, él y los 27 miembros de la expedición montaron un campamento sobre aquel hielo flotante que iba lentamente a la deriva.

En ese momento había que decidir cuál sería la mejor forma de lograr que todo el personal de la expedición se salvara. Los planes iniciales de Shackleton consistían en marchar a través de la capa de hielo hasta la tierra más próxima y, a continuación, tratar de llegar a un punto que se supiese era visitado de vez en cuando por algún barco,pero estos planes se vieron frustrados por la naturaleza de la superficie del hielo. Más tarde fue descrita por Shackleton como "blanda, muy quebrada, con brechas en todos los ángulos abiertas en el hielo allí donde los témpanos se juntaban", lo que hacía casi imposible la marcha. Después de estar bregando con el hielo varios días intentando avanzar y en vista de los escasos resultados, abandonaron su intento y montaron lo que llamaron el “Campamento de la paciencia” sobre un gran témpano de hielo, a la espera de que la deriva les llevase más al norte hasta alcanzar aguas abiertas.Tenían con ellos tres botes salvavidas, que Shackleton había bautizado con los nombres de los principales patrocinadores de la expedición: Stancomb Wills, Dudley Docker y James Caird.  Esperaron más de tres meses hasta que, el 8 de abril de 1916, los hombres se lanzaron al agua con sus botes al romperse el hielo. Navegaron durante siete peligrosos días por un mar tormentoso y rodeados de ingentes cantidades de témpanos de hielo, al final, el 15 de abril, consiguieron llegar al refugio temporal de la isla Elefante.
En la isla Elefante

Mapa de la isla Elefante. Se observa Point Wild en la costa norte.

La isla Elefante, en el borde oriental de las islas Shetland del Sur, estaba muy alejada de cualquiera de los lugares a los que la expedición había planeado ir, y absolutamente ninguna de las rutas de navegación en uso pasaba cerca de la isla. Era pues seguro que ningún buque de socorro que acudiese a la Antártida en su ayuda iría allí a buscarles, eso hacía que no tuviesen ninguna posibilidad de ser rescatados por medio de ayuda externa.

A Shackleton le quedó claro que necesitaba actuar para poder cumplir lo que le había prometido a su grupo, que todos regresarían. La isla era desoladora e inhóspita, desprovista completamente de vegetación, no obstante había agua dulce y una abundancia relativa de focas y pingüinos que les podrían proporcionar alimento y combustible para la supervivencia inmediata. Los rigores del invierno antártico se acercaban rápidamente, sobre la estrecha playa en la que estaban acampados, bautizada como Point Wild, ya se estaban abatiendo continuas ventiscas y tormentas que no tardaron en afectarles, al destruir una de las tiendas de campaña de su campamento temporal, el mal tiempo también les golpeó en otros aspectos. Las condiciones de la isla, añadidas a las tensiones y dificultades padecidas en meses anteriores, comenzaban a pasarles factura a los hombres, muchos de los cuales se estaban viniendo abajo tanto mental como físicamente.

En consecuencia, Shackleton decidió partir sin demora en busca de ayuda utilizando uno de los botes. El puerto más cercano donde podrían conseguir auxilio con certeza, era Stanley en las Islas Malvinas, a 1.000 km de distancia, pero les resultaba inalcanzable debido a las vientos del oeste que soplaban por aquellas latitudes en esa época. Otra posibilidad era ir a la Isla Decepción, en el extremo occidental del archipiélago de las Shetland del Sur. Aunque deshabitada, los datos del Almirantazgo británico les indicaban que había allí tiendas y alimentos almacenados para casos de naufragio y que de vez en cuando era visitada por barcos balleneros.15Sin embargo, viajar allí requería navegar contra los vientos predominantes y sin tener certeza de cuándo podrían encontrar un barco para el rescate. Después de hablarlo detenidamente con el segundo en el mando de la expedición, Frank Wild y con el capitán del barco Frank Worsley, Shackleton decidió intentar llegar a las estaciones balleneras de Georgia del Sur, al noreste. Esto supondría hacer un viaje mucho más largo, de unos 1.500 km, a través del Océano Austral, y con las condiciones marcadas por la proximidad del invierno. A pesar de todos esos inconvenientes era la opción que les daba la posibilidad de encontrar ayuda de forma más rápida.Shackleton escribió más tarde, "un bote podría hacer el viaje y estar de vuelta con un barco de rescate en el plazo de un mes, a condición de que el mar estuviese libre de hielos y que el bote pudiese salir airoso en mares tan tempestuosos".
Preparativos

Mapa indicando (en rojo) la ruta del James Caird.

Para llegar a Georgia del Sur, el bote del grupo de Shackleton tendría que navegar por uno de los mares más procelosos del mundo barrido continuamente por tormentas y temibles vendavales. Debían esperar vientos de fuerza huracanada y también las famosas olas rodillo que vienen del Cabo de Hornos y que alcanzan los 18 metros de altura. Worsley escribió: "Sabíamos que sería la cosa más dura a la que jamás nos habíamos enfrentado, estábamos a punto de atravesar uno de los peores mares del mundo y con el invierno antártico en puertas".

De los tres botes de que disponían, Shackleton, seleccionó el mayor y más resistente, el James Caird.Este bote de 6,9 metros de eslora, había sido construido como un bote ballenero en Londres, bajo las órdenes de Worsley, y diseñado siguiendo la técnica de la “doble proa” original del constructor naval noruego Colin Archer. Shackleton pidió al carpintero de la expedición, Harry McNish, que intentase mejorar las condiciones de navegabilidad del bote. McNish, con herramientas y materiales improvisados, se puso de inmediato a trabajar en la adaptación de la embarcación, recogió toda la madera que había en el campamento, de cajas de madera y de patines usados en el viaje sobre el hielo, con ella hizo más altas las bordas y construyó una cubierta improvisada de madera y lona, para calafatear y sellar las juntas utilizó las mechas de las lámparas, sangre de foca y las pinturas al óleo del pintor de la expedición. Reforzó el bote colocando el mástil del Dudley Docker en su interior a lo largo de la quilla. Luego le colocó un mástil principal a proa y uno más pequeño a popa, con argollas para izar y arriar la vela y un foque.  El peso de la embarcación se incrementó colocándole una tonelada de lastre, para disminuir el riesgo de naufragar en alta mar, algo que Shackleton sabía que era muy posible.

Shackleton había decidido que el viaje lo realizarían solo seis personas, por eso cargaron a bordo las provisiones que necesitarían seis hombres durante un mes, como más tarde escribió, "si no llegábamos a Georgia del Sur en ese plazo significaría que nos habíamos hundido".  Además de los paquetes de raciones que habían llevado para hacer la travesía de la Antártida, incluyeron galletas, Bovril, azúcar y leche en polvo. También cargaron dos barriles con 82 litros de agua (uno de los cuales resultó dañado durante la carga y luego le entró agua de mar), dos hornillos portátiles, aceite, velas, sacos de dormir y "unos calcetines de repuesto".

Según cuenta el propio Shackleton, al primero que eligió para el viaje fue a Worsley y después al eficaz Tom Crean, quien "le suplicó ir". Shackleton conocía a Crean de la Expedición Discovery, 1901-1904; Crean también había estado con el Capitán Scott en laExpedición Terra Nova en 1910-1913, y asimismo se distinguió en la malhadada marcha de Scott al Polo Sur. Shackleton pidió voluntarios para los puestos restantes, y "muchos dieron un paso al frente". De estos se eligieron dos marineros fuertes, John Vincent y Timothy McCarthy, y el último puesto se lo ofreció al carpintero, McNish. "Tenía más de cincuenta años de edad", escribió Shackleton de McNish (de hecho tenía 41), "pero poseía un magnífico conocimiento de los barcos de vela y era muy ágil".  La elección de Vincent y McNish, de los que se ha dicho que eran personas problemáticas, ha sido atribuida por algunos autores al deseo de Shackleton de tener bajo su control a dos posibles alborotadores, aunque la realidad es que cada uno de ellos demostró su valía en el reciente viaje hasta la isla. Shackleton tenía una gran fe en las habilidades de Worsley para la navegación, especialmente su capacidad para trabajar en situaciones difíciles. En cuanto a Crean, Shackleton confiaba en que sería un hombre capaz de perseverar hasta el final.
El viaje en bote 

El James Caird fue lanzado al agua desde la isla Elefante el 24 de abril de 1916. Con un viento moderado del suroeste pudieron salir de la playa fácilmente, con lo que perdieron de vista la isla muy pronto. Antes de salir, Shackleton había dado instrucciones a Frank Wild, que se quedó en la isla con el resto del grupo, "tendría completamente el mando desde el momento en que el bote abandonase la isla"; y en el supuesto de que el viaje en bote fracasara, Wild debía intentar llevar al grupo a la Isla Decepción la siguiente primavera y aguardar allí a recibir ayuda.

Botadura del James Caird desde la playa de la Isla Elefante, 24 de abril de 1916.

Tan pronto como salieron de la isla, Shackleton ordenó Worsley que pusiera rumbo al norte en lugar de ir directamente a Georgia del Sur, para así evitar la clara amenaza de los campos de hielo que estaban comenzando a formarse. A la media noche ya habían dejado el hielo atrás, pero el oleaje iba en aumento. Al amanecer del día siguiente, estaban a 80 km de la Isla Elefante navegando con mar gruesa y vientos de fuerza . En el bote se fijó la rutina de trabajo, se hicieron dos turnos de tres personas, con un hombre a proa, otro en las velas, y el tercero achicando agua. El trío que no estaba de servicio descansaba en el pequeño espacio de la proa cubierto por la lona. El cambio de turno presentaba muchas dificultades, Shackleton escribió, "tenía su lado cómico si no fuera por los dolores y molestias que ocasionaba". Su ropa, diseñada para ir en trineo por la Antártida pero no para navegar en un bote en mar abierto, no era impermeable, lo que hacía que el continuo contacto con el agua helada les hiciese el viaje muy penoso.

Ernest Shackleton deja la isla Elefante en el James Caird con otros cinco miembros de la expedición. Los veinte hombres que quedan en la isla les despiden desde la playa, 24 de abril de 1916.

Todo dependía de Worsley y su habilidad para la navegación, basada en observaciones astronómicas realizadas en un bote que no paraba de cabecear y balancearse y durante los breves momentos en que el sol hacía su aparición. La primera observación la realizó al cabo de dos días, determinando que se encontraban a 237 km al norte de la isla Elefante. Cambiaron el rumbo enfilando directamente hacia Georgia del Sur.  Habían superado el peligro de los témpanos flotantes, pero ahora estaban navegando por las peligrosas aguas del Pasaje de Drake, donde grandes olas recorren esas latitudes dando la vuelta al globo al no interponérseles ninguna barrera de tierra y adquirían gran altura a su paso por esa zona estrecha entre América del Sur y la Antártida. El balanceo constante del bote hacía casi imposible poder cocinar con los hornillos portátiles, pero Crean, el cocinero del grupo, de alguna manera consigue dar de comer a los hombres.

La siguiente observación, hecha el 29 de abril, les indicó que habían recorrido 440 km. Posteriormente, la navegación se convirtió, en palabras de Worsley, en "un festival de conjeturas",  ya que tras empeorar el tiempo no había forma de utilizar los instrumentos de navegación. Con la mar gruesa, el agua no dejaba de entrar en el James Caird, siempre en peligro de hundirse, se mantenía a flote gracias a las labores de achique que no paraban de realizar. La temperatura cayó bruscamente, y se presentó un nuevo peligro, la acumulación de hielo en el bote amenazaba con hacerles zozobrar. Por turnos tuvieron que ponerse a quitar el hielo, con un hacha, de la cubierta y los aparejos. Durante 48 horas estuvieron detenidos, utilizando para ello un ancla flotante, esperando que hubiese suficiente viento como para poder izar las velas y continuar la travesía. A pesar de sus problemas, cuando Worsley pudo hacer su tercera observación, el 4 de mayo, descubrieron que se hallaban tan solo a 462 km del punto más cercano de Georgia del Sur.

El 5 de mayo, volvió el mal tiempo, el estado del mar era el peor que habían padecido hasta ese momento. Shackleton más tarde escribió: "Sentíamos que nuestro bote era violentamente zarandeado de un lado a otro como si fuera un corcho". La tripulación, achicando agua frenéticamente, lograba mantener el bote a flote. A pesar de todo seguían avanzando, con una estimación de la posición realizada por Worsley al día siguiente, 6 de mayo, calculó que debían encontrarse a unos 210 km al oeste de Georgia del Sur, un dato que pudieron confirmar con una observación realizada un día después.  Sin embargo, las duras experiencias de las dos últimas semanas se estaban haciendo notar en los hombres. Shackleton comprobó que Vincent se había derrumbado y dejado de ser un miembro activo de la tripulación. McCarthy estaba "débil, pero feliz". McNish se iba debilitando, pero no dejaba de mostar un "espíritu indomable".

Representación de la aproximación delJames Caird a Georgia del Sur (del libro de Shackleton sobre la expedición, South.)

El 7 de mayo, Worsley avisó a Shackleton que no podía estar seguro de la posición, había un margen de error de unos 20 km. Para evitar la posibilidad de ser arrastrados más allá de la isla por los fuertes vientos del suroeste, Shackleton ordenó un ligero cambio de rumbo de manera que el James Caird alcanzase tierra en la deshabitada costa sudoccidental. A continuación, intentarían llegar a las estaciones balleneras del lado opuesto de la isla. "Las cosas no nos iban muy bien aquellos días", escribió Shackleton. "Los buenos eran los momentos cuando cada uno recibía una taza de leche caliente durante las largas y heladas guardias nocturnas".  Ese día por la tarde vieron algas flotando al lado del bote, y a la mañana siguiente se presentaron las aves, incluidos los cormoranes que se sabía que no se aventuraban lejos de tierra.  Poco después del mediodía del 8 de mayo avistaron tierra.36

A medida que se acercaban a los altos acantilados de la costa, la mar gruesa hizo imposible el desembarco inmediato. Durante más de 24 horas estuvieron alejados de la costa, el viento cambió de dirección al noroeste, convirtiéndose rápidamente en "uno de los peores huracanes que ninguno de nosotros había experimentado". Durante gran parte de ese tiempo corrieron el peligro de ser lanzados contra las rocas de la costa de Georgia del Sur o de serlo contra las igualmente amenazantes costas de la Isla Annenkov que está a 5 millas de la costa de Georgia del Sur. El 10 de mayo, cuando la intensidad de la tormenta disminuyó ligeramente, Shackleton, viendo la penosa situación de los miembros más débiles de su tripulación, que no aguantarían un día más en esas condiciones, decidió arriesgarse a desembarcar fuesen cuales fuesen los peligros. Se dirigieron a una pequeña cala cerca de la entrada de la bahía del Rey Haakon, y finalmente, después de varios intentos, lograron desembarcar.
Georgia del Sur 


Georgia del Sur. La bahía del Rey Haakon, donde el James Caird tomo tierra, es la larga indentación en el extremo oriental del lado sur de la isla.

Después de dedicar unos días a recuperarse, Shackleton decidió que el bote no era capaz de hacer los 250 km que suponía el viaje cerca de la traicionera costa, para llegar a las estaciones balleneras de la costa norte. Además, dos de los hombres, McNish y Vincent, no estaban en condiciones para viajar. Se optó por trasladar el bote a una nueva ubicación dentro de la bahía del Rey Haakon, desde donde Shackleton, Worsley y Crean iniciarían el viaje a pie para cruzar la isla hasta la estación ballenera habitada en Stromness.

El 15 de mayo, navegaron con el James Caird unos 50 km hasta el fondo de la bahía, desembarcaron en una playa que sería su refugio y a la que bautizaron como "Peggotty Camp" (por la casa flotante de Peggoty en la novela de Charles Dickens David Copperfield). Muy temprano, el 18 de mayo, los tres iniciaron el que sería el primer cruce por tierra confirmado de la isla Georgia del Sur. El viaje estaba lejos de ser fácil, ya que carecían de mapa y tuvieron que improvisar una ruta a través de una cadena montañosa con glaciares. Sin equipo apropiado, viajaron sin descanso durante 36 horas, hasta llegar a su destino en Stromness. Al llegar parecían, en palabras de Worsley, "tres horribles espantapájaros",  con el rostro demacrado, ennegrecidos por el humo de la grasa, con las marcas dejadas por su exposición al viento helado y con congelaciones.  Más tarde esa noche del 19 de mayo, un barco de motor fue enviado a la bahía del Rey Haakon para recoger a los tres hombres, McCarthy, McNish y Vincent, y al James Caird. Worsley escribió que todos los marinos noruegos en Stromness quisieron tener el honor de portar a hombros el bote desde el muelle hasta un almacén en que lo guardaron, todo un gesto lleno de afecto.

Debido a la llegada del invierno austral y a las condiciones del hielo, Shackleton tardó más de tres meses en poder rescatar a sus hombres de la isla Elefante, pero al final, con la ayuda del remolcador chileno a vapor Yelcho, todo el grupo pudo ser salvado.
Epílogo 

El barco chileno Yelcho, rescató a los miembros de la Expedición Endurance de la isla Elefante en 1916.
El James Caird fue devuelto a Inglaterra en 1919. Dos años más tarde Shackleton volvió a la Antártida, dirigiendo la Expedición Shackleton–Rowett. El 5 de enero de 1922 murió de repente, de un ataque al corazón, mientras el buque de la expedición, el Quest, estaba amarrado en Georgia del Sur.

Más tarde ese año, James Quiller Rowett, que había financiado la última expedición y era condiscípulo de Shackleton del colegio Dulwich en el sur de Londres, decidió exponer elJames Caird en el colegio. Permaneció allí hasta 1944, cuando el edificio en el que estaba fue gravemente dañado por las bombas. Después de la guerra, el bote se entregó al Museo Marítimo Nacional, y se procedió a su restauración. A continuación se expuso en el museo hasta 1985, cuando fue devuelto al colegio Dulwich donde ocupa un nuevo lugar en el Claustro del Norte, sobre un lecho de piedras traidas de Georgia del Sur y Aberystwyth.46Este lugar se ha convertido en el hogar permanente del James Caird, aunque a veces se presta para grandes exposiciones, ha sido expuesto en Londres, Portsmouth, Falmouth,Nueva York y Alemania. La James Caird Society se fundó en 1994, para "preservar el honor y la memoria de las notables hazañas realizadas en los descubrimientos en la Antártida, y elogiar la excelente capacidad de liderazgo de Sir Ernest Shackleton"

Fuente: Wikipedia e Internet

domingo, 5 de mayo de 2013

Alexei Butirskiy Pintor ruso...


Alexei Butirskiy


Nacido en Moscú en 1974, Alexei Butirskiy estudió en la Escuela de Arte de Moscú y se graduó con un Diploma de Excelencia.

Posteriormente asistió a la Academia Rusa de Bellas Artes, donde su estilo evolucionó bajo la dirección del profesor Hasyanova.
En 1996, participó en numerosas exposiciones, entre ellas la Unión de Artistas de Rusia, la Unión de Artistas de Moscú, y el Art-Salon en el Manezh de Moscú. Las técnicas expresivas favoritas de Butirskiy son tanto el realismo como el impresionismo y sus instrumentos técnicos preferidos: el óleo sobre lienzo. Los temas favoritos del autor son: el retrato psicológico, el paisaje de la ciudad tanto en su exterior aspecto urbano como en su captación de la sensibilidad interior.


Fuente: http://blogdofavre.ig.com.br/2010/01/alexei-butirskiy-sensibilidad-urbana/